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LA SEMILLA VIAJERA

En 1714, el gobierno francés recibio de los holandeses su primera planta de café, de la variedad typica. Pero tuvieron que transcurrir nueve años más y unas cuantas intrigas cortesanas hasta que Gabriel Mathieu de Clieu consiguiera una planta joven del jardin des Plantes de París y emprendiera con ella un azaroso viaje a América.

Después de sufrir el acoso de los corsarios y sobrevivir a una temible tempestad, el barco de De Clieu quedó detenido en medio de las calmas ecuatoriales durante un mes, mientras el francés y su delicada acompañante compartían la escasa provisión de agua. Finalmente, llegaron a Martinica y allí el café prosperó. Gran parte de la provisión mundial de café deriva de esa única planta.

En 1734, cuando los colonos franceses comenzaron a cultivar el café en Santo Domingo, el número de esclavos para explotar las plantaciones de Haití creció con peligrosa rapidez, factor que seria determinante en la historia del Café Cubano.

José Antonio Gelabert introdujo en Cuba los primeros cafetos en 1748 e inició, su cultivo cerca de La Habana. Pero el verdadero auge llegó en la década de los noventa: Había estallado la revuelta de los esclavos en Haití, las plantaciones de café fueron arrasadas y sus propietarios asesinados.

Algunos colonos franceses tuvieron suerte por partida doble: salieron vivos del trance y llegaron a Cuba. Allí los aguardaba una Naturaleza única con las mejores condiciones para la producción del café. Iniciaron su cultivo en los contrafuertes y zonas altas de la Sierra Maestra e introdujeron la práctica correcta del beneficio del grano.

La tradicición cafetalera se extendió por toda la Isla y una rica cultura floreció en torno a la valiosa semilla. A principios del siglo XIX, Cuba se habia convertido en el primer productor mundial de café y el pueblo cubano se había enamorado definitivamente de su sabor.