Quien tiene el privilegio de visitar Las
Terrazas en La Sierra del Rosario y recorrer los vestigios
de las antiguas plantaciones que convirtieron el café
Cubano en uno de los más demandados del mundo, comprende
inmediatamente que el sabor es algo más que una sensación
en el paladar.
Cuba tiene sabor de punta a punta: en la
propia Naturaleza isleña, tierra mágica y
fértil rodeada por el Mar Caribe; en la sabiduría
y el respeto por la tradición de los trabajadores
del campo; en la personalidad de sus pueblos y ciudades;
en el cálido ambiente de sus cafés.
Pero el sabor no se improvisa. Tras ese
relámpago de emoción que produce una buena
taza de Café Cubano hay una rica historia de sabores
y de saberes, una mística indestructible entre la
semilla que crece y la mano que la ampara.
En las plantaciones de Cuba de cuida hasta
la sombra del café. La sombra de los árboles
que protegen las cerezas de un sol demasiado generoso.
Cuando llega el tiempo de la cosecha, las
mulas, engalanadas para la ocasión, transportan el
grano hasta las despulpadoras y allí comienza un
largo proceso lleno de rigor y cuidado que desemboca en
el sabor definitivo.
Un célebre viajero dijo una vez:
"Todo lo que sabe bién, sabe mejor en Cuba".
Seguramente lo dijo después de tomarse una taza de
café.